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Los mitos de la represión en la Guerra Civil.
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AutorAngel Martín Rubio.
EditorialGrafite.
MateriaESPAÑA SIGLO XX-XXI
SubmateriaII República y Guerra Civil.
ISBN84-96281-20-5
Páginas368
Año2005
Precio19.75 €
Disponibilidad Disponible
Reseña

Los mitos de la represión en la Guerra Civil, redondea una obra investigadora de su autor, Martín Rubio, ya larga pero exitosamente sometida a la censura del silencio por la poderosa sociedad de intereses autodenominados "progresistas". Exitosamente por el momento, quiero decir. En un título alusivo a una frase célebre de Azaña: Paz, piedad, perdón… y verdad, y en Salvar la memoria: una reflexión sobre las víctimas de la Guerra Civil, había arrojado bastante la luz sobre los defectos metodológicos y las desvirtuaciones con que una pléyade (llamémosla así) de presuntos historiadores se ha dedicado, provincia por provincia, a exagerar la represión franquista y a falsear su contexto y significación. Dedicación subvencionada, muy a menudo, con dinero público, tan generosamente otorgado a según qué tareas por las autoridades locales y regionales de izquierda, a veces también de derecha. En contraste, nuestro autor se ha visto sometido la censura y el silenciamiento de todos esos amantes de la verdad. Sobre la represión conviene distinguir dos aspectos: el del número de víctimas causadas por cada bando y el, a mi juicio más crucial, de por qué la sociedad española se despeñó hasta aquellos extremos de odio. La mayor parte de la bibliografía de izquierdas al respecto centra su atención en la cuantificación de los muertos, y supone un carácter muy diferente en el terror desatado por un lado y por el otro: el terror derechista, más masivo y organizado desde el poder contra "los obreros y campesinos"; el terror revolucionario, de respuesta espontánea al anterior, pronto dominado en lo esencial por los gobiernos "republicanos" cuando éstos pudieron imponerse y dirigido contra los "reaccionarios" y la gente pudiente en general. Todo esto, como prueba claramente Martín Rubio, no es más que propaganda, y sorprende que a estas alturas resurja, a pesar de estudios tan determinantes como los de R. Salas Larrazábal, que habían puesto el problema en el terreno de la historiografía seria. Las cifras de muertos causadas por ambas represiones durante la contienda resultan muy similares, lo que significa una intensidad mayor en la zona del Frente Popular, por cuanto allí pudo ejercerse sobre algo más de la mitad de la población, mientras que la de sus adversarios recayó sobre toda España. El carácter organizado del terror izquierdista, desde la dirección de los partidos a los ministerios, tampoco deja lugar a duda: nada de espontaneidad, pues. Por supuesto, muchos crímenes fueron realizados por individuos sin control, pero esto ocurre siempre en circunstancias parejas, y responde generalmente a un odio nada espontáneo, sino sembrado a conciencia por determinadas ideologías. Las principales víctimas de la represión izquierdista fueron personas de clase media, con cualificación profesional o intelectual a veces muy notable, lo que había de pesar en la posterior reconstrucción del país. Y una parte importante de la represión contraria se cebó en medios sindicales, sobre todo entre trabajadores manuales, cosa lógica porque en esos medios centraban sus propagandas los revolucionarios y en ellos reclutaban a la mayoría de sus adherentes. Pero, desde luego, las izquierdas también eliminaron a miles de obreros y campesinos, pues no todos, ni mucho menos, aceptaban sus prédicas; y se eliminaron abundantemente entre sí militantes de partidos izquierdistas, como raramente se recuerda. Lo que debe descartarse es la pretensión marxista de que la condición de trabajador manual lleva implícita una superioridad moral o política, como portadora de progreso o de "emancipación social". La división de las víctimas del terror mediante tales categorías trasluce la pretensión de considerar unas justificadas y las otras inaceptables, a unas criminales merecedoras de su destino y a otras víctimas del crimen. Pretensión fácilmente perceptible también, por ejemplo, en los grupos terroristas de la actualidad y sus simpatizantes abiertos o solapados Uno de los capítulos del libro toca, inevitablemente, la matanza de Badajoz. Con minuciosidad presente en todo el libro, Martín Rubio echa definitivamente por tierra las leyendas. Entiéndase bien, no pretende desmentir el hecho de que en Badajoz se produjeran matanzas, como en tantos otros lugares de España, sino la "leyenda" por excelencia de los cinco mil –o dos mil, o los que prefiera cada autor– prisioneros vejados, toreados y asesinados en la plaza de toros en una gran fiesta de la "buena sociedad", con banda de música, etcétera: la leyenda fraudulenta que dio carácter único y celebridad mundial a la represión de Badajoz. Recientemente un supuesto historiador llamado Espinosa, muy jaleado por la izquierda progre, ha intentado magnificar las cifras de la leyenda, aunque resignándose a la evidencia de que la famosa fiesta de la plaza de toros no tuvo lugar. El libro de Martín Rubio pone en evidencia la metodología de Espinosa, el cual enfoca sus estudios con la mentalidad marxista más basta (en España nunca dio el marxismo mucho de sí en el plano intelectual) y de cuyo carácter puede dar idea una reciente entrevista mantenida en la SER con I. Gabilondo: en ella terminaba pidiendo la prohibición de libros como los de Martín Rubio (o los míos) por la razón básica de que contradicen a los suyos. Todo ello con la aquiescencia del locutor, cuyo espíritu democrático quedó perfectamente reflejado. Los mitos de la represión aporta una gran cantidad de datos, aproximaciones sociológicas y crítica a libros muy publicitados, sobre todo a partir del prohijado por Santos Juliá Víctimas de la guerra civil, que resume el sesgado recuento de muertos, la recopilación sesgada de rencor. Lo cual nos lleva a la intencionalidad política de la campaña hoy en curso, bautizada pomposamente como de "recuperación de la memoria histórica", verdadero llamamiento a reverdecer los antiguos rencores con propósitos políticos muy actuales. Trae a la memoria la campaña sobre la represión de Asturias y, como aquella, pretende sentar un estereotipo de la derecha, identificándola con aquellos sádicos asesinos que destruyeron la gloriosa democracia republicana. A muchos puede parecerles burda esa insistente propaganda, y creen poder neutralizarla con llamamientos a pensar en el futuro y no en el pasado. Fundamental error, o cobardía: el pasado y el futuro van unidos, y la impresión que, sin más análisis, transmiten tan toscas apelaciones es que quienes las hacen deben tener un pasado realmente negro, para querer ocultarlo. Y con semejante pasado, ¿qué futuro podría esperarse de ellos? Es preciso responder a estas campañas rescatando la verdad, pues sólo en ella puede asentarse una auténtica reconciliación. Además, como cita Martín Rubio de Cicerón: "Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño".++ Parte de un artículo de D. Pío Moa, publicado en Libertad Digital.

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