“Este libro no es un comentario al relato de la pasión del evangelio de san Juan. Nuestro interés se centra en algunas escenas del relato, famosas de antiguo por sus cuestiones disputadas. Dichas escenas tienen que ver con la historia misma de los acontecimientos: unas, porque narran los hechos que conforman la pasión; es el caso, entre otros, del prendimiento de Jesús en Getsemaní, de la comparecencia ante Anás y Caifás, del juicio ante Pilato, del día en que murió Jesús. Otras, porque trasmiten palabras de Jesús, que, en el ambiente de la última cena y de su despedida, constituyen magníficas enseñanzas sobre temas fundamentales, como el del Paráclito, cuya comprensión no es nada fácil. El principal objetivo de cada capítulo, y del conjunto del libro, es iluminar las dificultades que hacen de la mayoría de estos textos ‘cruces intrepretum’” (del Prólogo)
“La idea de que Juan es, entre los evangelistas, ‘el teólogo’ ha extendido el prejuicio de que su dimensión de historiador debe ser puesta en entredicho, como si supeditara a una determinada comprensión teológica de la vida y obra de Jesús los datos de la historia, o los considerara de menor interés para el destinatario de su evangelio. Precisamente por ello hay que estar sobre aviso para dar a cada una lo suyo, sobre todo si tenemos en cuenta la más que fundada probabilidad de que, detrás del escritor llamado ‘el teólogo’, se esconde un testigo privilegiado de la historia, Juan, el hijo del Zebedeo. En algunos de los capítulos de este libro, la percepción de que tocamos los acontecimientos gracias a la cercanía de quien los narra es una prueba más de la hipótesis que defiende la autoría del evangelio por parte de alguien, que, en el acontecimiento más dramático de la pasión, el de la muerte de Cristo y la apertura de su costado con la lanza, se define como ‘el que lo vio’”
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